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domingo, 25 de septiembre de 2011

Censura en TV de contenidos gay

El blog Quinta Temporada de El País publicaba ayer una interesante entrada sobre la censura de contenidos gay en películas y series de televesión en canales de televisión de diversos países.

La censura, efectuada con el pretexto de la protección de la infancia o de no herir la sensibilidad de los espectadores, se cae por su propio peso cuando las mismas cosas que se censuran entre dos hombres o dos mujeres, por ejemplo, besos, no se censuran en el caso de las parejas heterosexuales. De esto parece que debemos inferir que para muchos canales los contenidos gay son aún potencialmente dañinos para la sensibilidad de la audiencia, una audiencia que, en ese caso, de lo que carecería precisamente sería de sensibilidad: de sensibilidad hacia las minorías, especialmente las sexuales.
Es una pena que esto haya que decirlo y que haya que llamar al orden a estos canales de televisión entre los que se encuentran, por ejemplo, el italiano RAI, pero este tipo de censura sería equivalente a censurar besos u otros actos cariñosos entre parejas de negros o mixtas. Lo que en este caso sería considerado puro racismo y, por consiguiente, injustificable parece de lo más razonable si lo que tapa es la homosexualidad, como si no existiera, como si debiera ser invisible, como si fuera algo ofensivo.

Laura Contreras: Quinta temporada
El País, 24 septiembre 2011

domingo, 31 de julio de 2011

Mariconadas

Una de las cosas que más me enerva del castellano, especialmente de la zona de la que soy originario, es el extensivo uso de palabras como “maricón”, “maricona”, “mariconada” y de expresiones del tipo: “a tomar por culo” o “jodido”. Las primeras ponen de relieve una hostilidad hacia el homosexual per se; las segundas, hacia el hecho de adoptar el rol pasivo en una relación que se entiende necesariamente en términos peyorativos. Nadie jode sin que haya alguien a quien joda y eso no puede implicar, en cualquier caso, nada bueno.

La gran “paradoja” de todo esto es que buena parte de ese lenguaje sexista no refleja la forma de pensar de la mayoría de los hablantes. Tal vez sí la de los de hace unas décadas, pero ya se sabe que el lenguaje cambia despacio y la auténtica corrección política, esa que destierra del lenguaje palabras ofensivas aunque se suelan utilizar de forma “inocuamente” familiar, parece que no ha llegado aún a muchos hispanohablantes. El castellano refleja, no obstante, una mentalidad especialmente machista. El lenguaje lleva implícito la filosofía de un pueblo: determina como éste se expresa, construye su discurso, siente, piensa e, incluso, sueña. En castellano todo está en términos de lo masculino o lo femenino, de penetrar o de ser penetrado, donde lo primero, esto es, masculino (= penetrar) es lo bueno y lo segundo (= ser penetrado), lo malo. Si no, pensémoslo dos veces. “Esto es un coñazo” (relativo a la mujer), “estoy jodido” (estoy penetrado), “me han jodido” (me han follado), “que te jodan/jódete” (que te follen), “esto es cojonudo” (relativo al hombre), “nenaza” (para qué comentarlo).

Evidentemente todo este juego de palabras no surge del azar ni es inocente. Probablemente tiene sus raíces en la peculiar forma de ver la sexualidad de los romanos, con un ligero barniz judeo-cristiano posterior. Desde mi ignorancia, no puedo afirmar en qué medida el resto de lenguas romances esconden el mismo sistema de pensamiento. Lo que sí puedo aventurar es que no es inocente. La fuerte connotación moral que encierran expresiones de tal calibre suponen para el hablante casi una cárcel de la que no puede escapar: puede ganar conciencia de la trampa del lenguaje, pero, en el fondo, como sólo podrá formular su pensamiento en ese lenguaje, digamos que no puede dejar de programar en lenguaje binario en un ordenador porque es el único lenguaje que conoce el sistema. La inmensa mayoría de gais utilizan en mayor o menor medida patrones de lenguaje que perpetúan ese modelo de pensamiento, aunque les perjudique, del mismo modo que lo hacen las mujeres. Abstraerse completamente de esos mecanismos torticeros del idioma es una tarea imposible, más aún en términos inconscientes y a la velocidad del lenguaje hablado. Esto no quiere decir, por el contrario, que el castellano esté condenado eternamente a ser un idioma tan sexista. Poco a poco pueden limarse aristas y emplearse de un modo menos hiriente un idioma que, por ahora, suele reflejar única y exclusivamente la postura del varón blanco heterosexual con una carencia alarmante de empatía.

Es cierto que a muchos les toca los cojones (otra expresión fetén) que haya piji-verde-progres “metiéndonos el dedo por el culo” con el tema de la corrección política. Amigos tan sensibles con las minorías como la reina Victoria con las lesbianas, ya se han manifestado en contra de intentos de promoción de un lenguaje no sexista. Ya me manifesté sobre esto en otra entrada. El problema de estos intentos es que ignoran el problema de fondo: los idiomas son de los hablantes y mientras los hablantes sigan teniendo una mentalidad sexista (en buena parte cultivada por el propio lenguaje desde la más tierna infancia), cualquier intento de cambiar el lenguaje será estéril.

domingo, 10 de julio de 2011

Tolerancia cero ante la discriminación

Hace poco más de tres semanas, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó una resolución en la que se pedía tolerancia cero ante la discriminación de los homosexuales. ¿Qué significa esto? En términos prácticos, nada. Simbólicamente, mucho.

La resolución sirvió al menos para dejar en evidencia a los de siempre, los países africanos salvo Sudáfrica y los países árabes, paladines de la homofobia, a los que sólo se les ocurrió justificar su voto en contra de la resolución porque no se había acordado una definición de orientación sexual. Una excusa patética y ridícula que no les impedirá, en cambio, saber quien es gay y lesbiana en sus países para castigarlos, en ocasiones, incluso con la pena de muerte.

Y es que el sistema internacional de protección de derechos humanos aún tiene mucho en lo que mejorar. La resolución de la ONU no es vinculante ni puede exigirse su cumplimiento a instancias de ninguna autoridad nacional ni administrativa ni judicial, con lo que la petición de la ONU quedará en papel mojado, a menos que los distintos gobiernos y parlamentos se empleen a fondo  de verdad en acabar con esa discriminación y en proteger a las minorías sexuales en sus países, por no mencionar ya la despenalización de la homosexualidad, que sigue tipificada como delito en muchos países.

Una vez más, volvemos a lo de siempre. Las declaraciones de este tipo, incluso la plena equiparación legal, son perfectamente deseables y debemos luchar por ellas, pero no debemos dejar pasar por alto el tema de fondo. En un pueblo profundamente homófobo, como lo son muchos pueblos africanos y del mundo árabe, la garantía legal, en caso de aprobarse, sería una mera formalidad con pocas implicaciones prácticas porque el clima de odio general es tan fuerte que ni siquiera los homosexuales se atreverían a acogerse a las normas que les protegieran, en caso de que existiesen. Por otra parte, esas normas tampoco vienen solas. Suelen ser reflejo de un sentir mayoritario de la población. De modo que lo que se exige aquí es mucho más que un cambio legal, una declaración de la ONU o unos sistemas de protección eficientes. Todo eso hace falta cuando todo lo demás, lo más importante, ha fracasado. Lo que de verdad se necesita es un cambio de cultura y de actitud hacia los homosexuales en el mundo, una idea de respeto e igualdad que no existe para muchos no sólo en esos países campeones de la homofobia sino también a veces en países que se dicen avanzados. Movamos pues a la reflexión y a la necesidad de incidir en la educación en esos y otros países para enseñar en el respeto y la diversidad, no sólo a los niños sino también a muchos adultos que no tienen modelos cercanos y realistas de la homosexualidad. Saber es poder. La información y la cultura son nuestras armas. ¡Luchemos!

El País. 17 junio 2011.

domingo, 26 de junio de 2011

Cuatro décadas después

Algo más de dos décadas después de los sucesos de Stonewall, Nueva York aprueba el derecho al matrimonio de los homosexuales en una votación tan ajustada como histórica. Con éste, son seis los Estados donde se reconoce este derecho a los homosexuales, un Estado con el que la lucha por la igualdad de derechos adquiere un paso de gran importancia. Y es que parece que por primera vez en una década la mayoría de los nortemaericanos, el 53 %, está a favor del matrimonio homosexual. No debemos dejarnos engañar, en cambio, por el optimismo. Queda mucho por hacer aún, no sólo en el ámbito de la igualdad de derechos o en el más elemental de acabar con la criminalización de la homosexualidad en muchos países del mundo sino también en aspectos que van más allá de lo legal y que abarcan en muy buena medida lo que puede ser la vida diaria de un homosexual.

Es cierto que el matrimonio homosexual en Nueva York ayudará seguramente a normalizar la concepción de la homosexualidad en ese Estado y, probablemente, a lo largo de Estados Unidos, pero no debemos pasar por alto que aún queda mucho que hacer por mejorar la visibilidad de la homosexualidad, acabar con estereotipos y desmitificar, en definitiva, una orientación sexual que no por ser minoritaria deja de ser normal. Y, en ese sentido, son muchos homosexuales los que tienen que tomar la iniciativa, los que tienen que ser visibles y vivir con naturalidad su orientación sexual, nada más y nada menos que aplicando lo que yo llamo principio de reciprocidad: comportándose como haría un hetero en la misma situación, dejándose de discreciones y demás reparos que sólo ayudan a correr un velo de ignorancia y oscurantismo alrededor de nuestra orientación sexual. Somos gente normal y corriente, con las mismas inquietudes, miedos, ilusiones y esperanzas que sólo nos diferenciamos de los demás por la forma en la que los demás nos han tratado tradicionalmente, por el tabú que ha supuesto nuestra orientación, nada más y nada menos. Cambiar ese trato y esas actitudes exige un paso adelante por nuestra parte para acabar con el silecio. Y ese paso es diario.

El País. 26 junio 2011.

domingo, 12 de junio de 2011

¿Racismo?

No sé si lo que voy a escribir tiene sentido o no, pero es algo que se me lleva pasando por la cabeza un tiempo. A menudo, cuando pienso en la pornografía, más allá de todas las connotaciones y pudores morales que muchos puedan poner, pienso que es una vacuna fantástica contra el racismo. "Hitler no habría pasado, el apartheid habría sido inconcebible" (y otras muchas barbaridades que tienen que ver con tratar a la gente de un modo diferente en función de su raza) si internet y la pornografía hubieran existido entonces.

Es cierto que no es sólo el poro. Con carácter general, los medios de comunicación como la televisión y, ahora, internet han acercado toda una diversidad inimaginable a los rincones más apartados del planeta (motor en cambio insuficiente hasta el momento para acabar con la homofobia), pero la sola idea de ser racista me parece inconcebible después de haber visto guapos chavales de raza negra con enormes poyas; árabes de hermosa piel morena, vello púbico rizadísimo y poyones gruesos; hermosos rubios siendo penetrados por interminables dagas azabaches; increíbles mestizajes amerindios mostrando una inefable sensualidad latina.… El porno, a pesar de su artificiosidad, nos expone a menudo a una química interracial que habría hecho las delicias de los más racistas hijos de puta, haciéndoles ver la riqueza inherente a la pluralidad, el encanto de las "purezas" y "mestizajes", el atractivo de los rasgos inesperados, refrescantes, nuevos…

Parece una reflexión superficial, lejos de la altura que requiere el tema, pero si hay algo que une a los humanos por encima de todo es el deseo sexual, el sexo, el sudor, los orgasmos… Por suerte, ahora mucha gente vive en sociedades multiétnicas y está cada vez más acostumbrada a salir con gente de distintas razas, culturas y países. Pero aunque esto no sea así en algunos sitios, quiero pensar que sólo una generación aislada, sin medios de comunicación audiovisuales y profundamente reprimida puede conocer ese anatema incompresible que es el racismo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Jornada internacional contra la homofobia

Cartel de la campaña del Injuve


Mañana es el día Internacional contra la homofobia, una ocasión para recordar que la homosexualidad está aún penada, incluso con la pena de muerte, en algunos países y que, lejos de esos extremos, en otros muchos países la situación de los homosexuales se ve comprometida por la falta de libertad, de reconocimiento público y por la desigualdad en derechos civiles. Pero, más allá de los países que se consideran menos gay-friendly, aún en países más avanzados en la materia se siguen viendo casos de discriminación, de incitación al odio, incluso de violencia que nos recuerdan que la lucha contra la homofobia es una lucha diaria, allá donde se produzcan abusos, allí donde haga falta promover una reforma legal para la equiparación de derechos.

Mapa de la homosexualidad en el mundo:


Expulsan nuevamente a pareja gay en la Feria de Sevilla
En Sentido Contrario. 9 de mayo 2011

En Sentido Contrario. 14 de mayo 2011

En Sentido Contrario. 14 de mayo 2011

domingo, 8 de mayo de 2011

Como lidiar con la salida del armario en el trabajo

Hace un mes y medio empecé a trabajar en una empresa. Yo ya había salido del armario, pero el hecho de no seguir el look gay y de no ser afeminado me avoca a la situación de tener que romper siempre esa "presunción de heterosexualidad", según la cual si eres un hombre masculino, entonces eres hetero hasta que se demuestre lo contrario.

Hace ya unas semanas hablé de todas formas con unos compañeros con los que suelo salir más después del trabajo. Desde mi punto de vista, decirle a alguien que eres gay tiene sentido y es relevante si vas a socializar con ellos o si vas a tener más confianza aparte del estándar y distante trato de un ambiente profesional. Hasta aquí todo fue bien. Ninguna reacción inesperada aparte de la sorpresa. La gente sigue sorprendiéndose porque haya gays que no sigan los patrones culturales que se nos tienen encomendados, a saber, una estética y unas manera determinadas.

Sin embargo, no todo iba a ser color de rosa. El otro día fuimos a cenar un grupo amplio de gente del trabajo, entre los que se encontraban las dos personas que sabían que era gay. Y una chica del trabajo, delante de uno de los que lo sabían y de otra que no tenía ni idea, empezó a hacer comentarios homófobos hasta el punto de que le tuve que decir que tenía que pararla. En esto, me preguntó que "¿por qué?, ¿eres gay?". Y yo respondí "sí". La conversación siguió de forma muy violenta, considerando que ella continuó criticando a los gays por cómo practican el sexo y a dar por hecho que era una elección... Hasta llegó a insinuar la pregunta de si soy activo o pasivo, a preguntarme que si sabía lo que hacen los gays en la cama y que si yo estoy cómodo con eso y si había tenido pareja. Yo no pasé más allá de decirle que por supuesto que sé lo que hacen los gays y que ser gay no es una elección. Finalmente, le dije que no le iba a contestar a lo demás porque no era de su incumbencia. Al final pasamos a otros temas, ella se quedó callada un rato largo (muy inusual en ella) y se fue claramente molesta (entiendo que arrepintiéndose de lo que había pasado).
La noche continuó bien. Hablé con la otra chica que estuvo en la conversación y que me apoyó y con el otro chico que ya lo sabía y que tuvo que confirmar que era gay en el curso de la conversación. Curiosamente, fuimos a una discoteca hetero donde había una fiesta estudiantil y vimos una pareja gay  morreándose, lo que fue muy reconfortante después de la escena tan agresiva que había vivido. Después de este incidente dudo que mucha gente del grupo que fue a cenar ignore que sea gay y, al final, me alegro de haber enfrentado por primera vez comentarios de ese tipo, con los que he tenido que lidiar en silencio toda mi vida, incluso viniendo de mi propia familia, por miedo a ser descubierto y al rechazo.

La homofobia aún tiene lugar en países occidentales y argumentos propagandísticos del tipo de que los gays pueden cambiar y que el sexo anal es doloroso y molesto siguen encontrando su eco. Por suerte para mí, aquella noche sabía que, dado el estado de opinión general, tenía las de ganar. No fue fácil, pero tampoco arriesgado. Al día siguiente, ella actuó con cordialidad conmigo, como si nada hubiera pasado, sin mencionar el tema. Mi pregunta es qué pasará si la homofobia vuelve a abundar en occidente, especialmente de la mano de la inmigración, como es el caso de esta chica, de procedencia subsahariana. ¿Hasta cuándo podremos sentirnos "seguros" los gays? Y ¿cuándo dejará de verse la orientación sexual como algo asimilado y no algo intrínseco en una persona, como el sexo o la raza? Lo que dijo esa chica habría sido impensable sobre alguna raza en concreto. ¿Por qué la orientación sexual sigue siendo una excepción?

domingo, 6 de marzo de 2011

Reprimíos sexualmente porque así seréis felices...

El otro día tuve la oportunidad de ver por Internet una charla en algún lugar de EEUU en algún momento a partir de 1993 y, aunque infiero por las apariencias que esa charla se queda en los noventa, me temo que también podría haber tenido lugar en nuestros días. Pero, os voy a poner en situación, todo esto parece ser una especie de reunión organizada por una iglesia protestante para charlar sobre ese tema que tanto preocupa a los padres: que su hijo “salga” gay.

¡Qué cosa más horrible, verdad! Un hijo gay en la familia es inasumible, luego ¿qué mejor que ir a una charla para que te expliquen cómo criar a tu hijo evitando ese “inconveniente”? La charla comienza con las palabras de un señor que alerta de las peligrosas maniobras del malvado lobby gay para hacer creer a la gente que la homosexualidad es congénita. Y extrae algunos ejemplos de la prensa para ilustrarlo. Incluso pone un vídeo de un "malvado" profesor que intenta enseñar respeto a sus alumnos. Según él, hay toda una campaña mediática entorno a 1993 para hacernos creer que la homosexualidad está en los genes. Todo lo contrario –afirma él– el homosexual no nace, se hace y es algo cultural o, en el mejor de los casos, psicológico (ya iré a esto luego). Ahora que los padres tienen la esperanza de poder criar a sus hijos en la heterosexualidad, este señor tiene a bien mostrarnos dos casos de “éxito”. Dos señores que han conseguido “revertir” su homosexualidad (uno de ellos aún admite tener "tentaciones" cuando flaquea por el estrés y otras circunstancias "ambientales").

¡Qué maniobra sublime! ¡Qué manera de embaucar al auditorio! Por desgracia, las historias personales de los dos varones no tienen nada de encantador. Nos cuentan como comenzaron a vivir como homosexuales desde la adolescencia; como vienen de unas familias desestructuradas donde la figura del padre está ausente o se ve mermada; nos llevan a la degradación de su estilo de vida: a la promiscuidad sexual, a los desórdenes alimenticios, a la carencia de afecto, a la desesperanza y el intento de suicidio, y, finalmente, al renacer. ¡Qué cosa tan cristiana! Ambos experimentan una especie de reconversión y se alejan de la marginación y los problemas a los que “ser gays” les había llevado para pasar a llevar una feliz y plenamente satisfactoria vida heterosexual. De pronto, el cariño de una mujer les hace sentir plenos, les hace sentir todo lo que antes no habían ni imaginado...

Sería formidable, salvo por la desgracia que envuelve, y por la forma en la que esa secta cristiana los utiliza para conseguir perpetuar el stablishment heterosexualizante impuesto lentamente y por la fuerza por los cristianos desde que tomaron el poder en el imperio romano. Cogen la vida atormentada de dos gays que han preferido vivir como reprimidos sexuales en sendos matrimonios heterosexuales para encajar en una sociedad que les odia y los ponen de ejemplo de cuán perversa es la homosexualidad y cuán peligrosa es la propaganda y el estilo de vida gay. Lo que no dicen es qué viene antes: si el huevo o la gallina. Esto es, el odio y la exclusión de unas familias cristianas y, muy probablemente, las tensiones internas provocadas por una educación conservadora y otros problemas familiares llevan a estos jóvenes adolescentes a sumergirse en un mundo de soledad y marginación contracultural que les lleva a sentirse profundamente infelices y resulta que, encima, la culpa es de su orientación sexual, ¡no del discurso cristiano de odio que les ha llevado a esa situación de soledad y marginación!

La maniobra está bien planteada, es muy convincente para ese auditorio, pero no conseguirá despistarnos. Ni la homosexualidad tiene su origen en una figura del padre ausente o débil ni ser homosexual lleva a la degradación personal ni el ser homosexual le priva a uno del afecto de los suyos, salvo que hayan sido abducidos por sectas cristianas como ésta. ¿Por qué estos señores no ponen ejemplos de gays de éxito social? ¿Por qué no citan al juez español de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska, casado con un señor del País Vasco, por qué no citan a Juan Adriansens, también casado con su compañero de toda la vida, o, por poner un ejemplo norteamericano, a Neil Patrick Harris, el actor que interpreta a Barney Stinson en “How I met your mother”, con pareja estable desde hace años? Tal vez no lo hagan porque estos ejemplos aún no existían entonces, pero tampoco lo habrían hecho porque no quieren que la gente sepa que se puede llevar una vida satisfactoria siendo gay y que las cosas, a su pesar, están cambiando para mejor para las minorías sexuales y también raciales (aunque a algunos también les pese). Lo que no quieren que se sepa es que también un heterosexual puede ser infeliz y que, muchas veces, su discurso de amor cristiano, es decir, de odio, lleva a la infelicidad a mucha gente (histeria, embarazos no deseados...).

Tal vez no haya sido fácil ser gay ni aún lo sea, pero eso no es imputable a la persona que tiene esa orientación sexual sino, en su caso, a la sociedad que no lo acepta. Para su información, señor del principio, sepa que aunque puede que la homosexualidad no sea genética sí se han detectado cambios en los cerebros de los homosexuales y, aunque aún se ignoran las causas concretas (hay teorías sobre las hormonas), lo que sí sabemos, aunque usted probablemente ignore, es que las conductas homosexuales están documentadas prácticamente en todas las culturas y civilizaciones de la historia incluyendo adopciones y ceremonias similares al matrimonio. Y lo que también sabemos es que la orientación no se elige. Se puede elegir ser un reprimido sexual, también siendo hetero, pero lo que no se puede cambiar es la atracción que se siente. Así que, si bien es verdad que el movimiento gay es una creación moderna fruto de una cultura de masas, la orientación homosexual siempre ha estado ahí y siempre lo estará, como lo está en otras muchas especies animales. Y ¿quiere que le diga por qué? Porque una peligrosa y simple teoría cosmogónica como la suya (la cristiana) no puede explicar la realidad sin deformarla hasta extremos que lleven... En fin, a dos señores reprimidos sexualmente a contarle a todo un auditorio feliz de oírlo que su mejor opción fue reprimirse... Tanto como oír a dos señores de raza negra decir ante un auditorio que han elegido ser blancos para poder vivir felices en una sociedad racista. La única diferencia entre usted y los animales es que usted puede elegir “racionalmente” reprimir su homosexualidad para complacer al grupo. ¿Sabe qué?, en el fondo no deja de ser un adolescente. La única diferencia es que en lugar de ser fan de Justin Bieber persigue a dios en todos sus “conciertos”.

Como aún creo que esto ha sido insuficiente, os voy a deleitar con la célebre Ley contra el cristianismo formulada por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche en su magnífica obra “El Anticristo, Maldición sobre cristianismo”:

Yo condeno el cristianismo, yo elevo contra la Iglesia cristiana la más terrible de todas las acusaciones que jamás lanzó un acusador. Para mí, es la más grande de todas las corrupciones imaginables, tuvo la voluntad de la última corrupción imaginable. La Iglesia cristiana no dejó nada libre de su corrupción; de todo valor hizo un no valor, de toda verdad una mentira, de toda probidad una bajeza de alma. Y todavía se atreven a hablarme de los beneficios que ha reportado a la humanidad. Suprimir cualquier miseria era cosa contraria a su más profundo interés: vive de miserias, creó miserias para eternizarse... Por ejemplo, el gusano del pecado: la Iglesia fue precisamente la que enriqueció a la humanidad con esta miseria...
La igualdad de las almas ante Dios, esta falsedad, este pretexto para los rencores de todos aquellos que tienen el ánimo abyecto, esta idea que es un explosivo y que terminó por convertirse en una revolución, idea moderna y principio de decadencia de todo el orden social es dinamita cristiana... ¡Los beneficios humanitarios del cristianismo! Éste hizo de la humanitas una contradicción consigo misma, un arte de arruinarse a sí mismo, una voluntad de mentir a toda costa, un desprecio y una repugnancia contra todos los instintos buenos y honrados. Estas son para mí las bendiciones aportadas por el cristianismo. El parasitismo como única práctica de la Iglesia; la Iglesia, que con sus ideales anémicos, con sus idealidades de santidad, chupa de la vida toda la sangre, todo el amor, toda la esperanza; el más allá como voluntad de negar toda realidad; la cruz como signo de reconocimiento por la más subterránea conjura que jamás ha existido, conjura contra la salud, contra la belleza, contra el bienestar, contra la bravura, contra el espíritu, contra la bondad del alma, contra la vida misma...
Yo quiero escribir sobre todas las paredes esta eterna acusación contra el cristianismo, allí donde haya paredes; yo poseo una escritura que hace ver aun a los ciegos... Yo llamo al cristianismo la única gran maldición, la única gran corrupción interior, el único gran instinto de venganza, para el cual ningún medio es bastante venenoso, oculto, subterráneo, pequeño; yo la llamo la única inmortal vergüenza de la humanidad.
¡Y se computa el tiempo partiendo del dies nefastus con que comenzó esta fatalidad, desde el primer día del cristianismo! ¿Y por qué no mejor desde su último día? ¿Desde hoy? ¡Transmutación de todos los valores!...

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿El peor lugar del mundo para ser gay?


El documental de BBC 3 "The World's Worst Place to Be Gay?" pone de manifiesto una realidad dura. El pasado 26 de enero, David Kato fue asesinado probablemente en un crimen de motivación homófoba (su nombre y la dirección de su casa estaban publicados en un periódico junto con más homosexuales "a colgar"). Este documental nos muestra la dura realidad de los gays en un país, Uganda, en el que David Kato no pudo vivir libre sin pagar por ello con su vida. La homofobia, ampliamente extendida por pastores y demás sacerdotes cristianos, es un sentimiento general en la población, que cree que medidas como la pena de cárcel e, incluso, la pena de muerte son deseables para los homosexuales. En ese escenario, un parlamentario está promoviendo la aprobación de una ley antisodomía que penalice incluso el "encubrimiento" de conductas homosexuales. Toda una locura que muchos líderes políticos y religiosos dicen amparar en la tradición africana ajena a la homosexualidad, que sería una influencia occidental (mentira pura y dura).

En el documental, Scott Mills, DJ en la radio y homosexual inglés él mismo, comprueba de primera mano este panorama, llegando a entrevistar al propio parlamentario, al que confiesa su homosexualidad con casi penosas consecuencias. El documental ahonda en las problemas que tienen que enfrentar los gays ugandeses por la simple condición de su sexualidad: marginación, condiciones de vida deplorables, abusos y violencia. Para poner la guinda, algunos evangelistas norteamericanos promueven la homofobia en el continente, ayudando a empeorar las condiciones de vida y los abusos de los derechos humanos en países como Uganda. La parte quizás más ridícula es aquella en la que Scott pregunta a un grupo de jóvenes estudiantes sobre el tema y ellos afirman con total convicción que la homosexualidad es ajena a África. Cuando Scott les pregunta de dónde oyen los argumentos homofóbos, ellos contestan que de pastores en sus iglesias. Aparentemente, ninguno se percata de que el cristianismo no es precisamente africano y de que tal vez sea la homofobia lo alienígena a la cultura africana y no la homosexualidad. Lamentable.

C-CGAY, 6 febrero 2011

domingo, 6 de febrero de 2011

Activista gay asesinado en Uganda

David Kato. Fuente: Amnesty.org

Por desgracia, a los gays no sólo no se les respeta en muchas partes del mundo sino que, además, se les persigue, se les pone en listas negras y, finalmente, se les da muerte. Eso ha pasado en Uganda recientemente, donde me temo que David Kato no es el único que corría peligro.

Lo más escandaloso de todo esto es que occidente tiene buena parte de la responsabilidad moral. La animosidad contra la homosexualidad en Uganda tiene un claro antecedente, la ocupación británica de ese territorio y la imposición de una moral y unas leyes antisodomía que aún perduran en el país. Con una mayoría de cristianos, de los que la mayoría son católicos, entorno a un 40 % de la población total, no podemos sino responsabilizar a los viejos (o  no tanto) modelos morales y legales del occidente cristiano de lo que está pasando en muchos países africanos, no sólo Uganda.

Ya publicaré sobre esto más en extenso, pero como revela el fantástico libro Born to be gay, A history of homosexuality, de William Naphy, la colonización europea es la responsable directa de muchos cambios de actitud hacia las conductas homosexuales en muchos lugares del mundo. Ahora es nuestra responsabilidad luchar por los derechos humanos de las minorías sexuales amenazadas en esos países así como recuperar las distintas tradiciones de muchos pueblos indígenas respecto a conductas homosexuales.

El País, 27 enero 2011.

 Amnistía Internacional, 27 enero 2011.

domingo, 30 de enero de 2011

Presunción de heterosexualidad

"Y serás hetero hasta que se demuestre lo contrario."
Presunción de heterosexualidad


Una de las principales razones por las que hay que salir del armario es para romper la presunción de heterosexualidad, esa carga que nos ha caído a quienes no nos acomodamos al molde judeo-cristiano de “sexo para procreación”. Y es que la sexualidad no debería estar predefinida socialmente, como de hecho lo está, ni debería darse por sentada. Pero, claro, para ello deberíamos transformar el lenguaje, la forma de pensar de la gente, todo.

El pensamiento según la cual todos somos heterosexuales hasta que se demuestre lo contrario no es más que una forma encubierta de fascismo. Encubierta, digo, porque no la vimos nacer porque siempre ha estado ahí, incluso para nuestros abuelos y de una forma aún más rapaz; porque ni siquiera sabemos cuándo fue instituida ni cómo, y porque no tiene dirigentes o portavoces concretos. Es propiamente una tiranía de la masa social en general y, especialmente, una imposición de la cultura, esto es, específicamente de las costumbres y de la forma de ver y representar la realidad.

Sin embargo, el hecho de que siempre haya estado ahí para nosotros no quita que, una vez percibido, queramos removerlo. El heterofascismo es, sin duda, la forma de totalitarismo mejor aceptada y más extendida. Totalitarismo porque engloba una visión totalizadora de la realidad: el mundo como un todo heterosexual que se rige por los principios de lo masculino y lo femenino, y en el que el símbolo fálico es el dios.

Y, de vuelta al lenguaje, ¿qué se puede esperar de un idioma como el castellano que tiene género para todo? Desde siempre se nos ha enseñado lo femenino, lo masculino y sus roles. Lo masculino penetra, lo femenino es penetrado. Alguno se extrañará de que muchos gays sean afeminados: lo cierto es que no hacen más que reflejar unos patrones sociales de conducta de los que todos están imbuidos.

El mismo lenguaje supura esta filosofía, que tiene como mínimo el mismo tiempo que la cultura greco-latina. Lo cierto es que ni la realidad es tan simple ni penetrar consiste siempre en lo mismo ni todo tiene por qué girar entorno a lo fálico. Aunque si fuera por ver penes todo el día, a mí que me apunten. Todo el problema del falo no es que quiera derramar su vitalidad sino que algunos le hayan querido poner nombre. Algunos que se dicen siervos de dios, han tatuado con ardoroso deseo sexual y babosos labios llenos de casta y culpable lascivia la palabra mujer en esa poya, en la poya de la humanidad. Y han pretendido que el pene tuviera una dueña y señora, que no fuera libre, que no derramara su vitalidad donde quisiera sino que sólo eyaculara en su dueña y señora, en el útero fértil. Esos sacerdotes han castrado a la humanidad o lo han intentado. Pero no lo conseguirán. Al cabo, el instinto de vida del falo es más fuerte que la marca del pecado.

domingo, 23 de enero de 2011

"Puto" de Molotov

Siempre que voy de bares por mi ciudad natal, en Andalucía, tengo la asombrosa capacidad de producir en el DJ un impulso irresistible de poner la canción “Puto” de Molotov, toda una alabanza de los putos maricones de mierda entre los que me cuento. Por si alguien no ha tenido aún el “placer” de escuchar esa aberrante invitación al odio, dejo un vídeo de youtube abajo.

Si os digo la verdad, ya había escuchado esta canción desde hace años, ya la conocía y ya me la habían puesto más veces en pubs y demás locales de ocio nocturno, pero no ha sido hasta mi salida del armario cuando realmente he empezado a ser susceptible a ella. En primer lugar, porque al ser gay públicamente, te pones también en una situación de ser afrentado por ser gay en público y eso puede pasar si algunos heteros insensibles deciden poner una canción sin ni siquiera percatarse de su carácter ofensivo. En general, he de decir que mi experiencia tras salir del armario ha sido muy positiva. Mis amigos me han aceptado plenamente, siguen sin tener problema en abrazarme cuando nos saludamos y ese tipo de cosas que solíamos hacer antes. Siguen hablando de tías igual, pero yo ahora no me siento incómodo y puedo incluso dar mi opinión sabiendo que será entendida como lo que debe ser, sin ningún interés sexual por mi parte hacia la chica en cuestión. Pero también me he dado cuenta de que el lenguaje nos traiciona, nos traiciona a todos y la cultura también.

Ellos intentan cuidar más el lenguaje, lo que ya es difícil en un idioma como el nuestro y según qué hablas e idiosincrasias. Pero volviendo al tema, “Puto” es uno de esos elementos culturales que jamás debería haber existido, una de esas canciones que sin duda morirían en el silencio si su mensaje hubiera sido lanzado contra los negros, los judíos, los discapacitados, la mujer y, en general, contra cualquier comunidad más o menos numerosa susceptible de sentirse ofendida por un mensaje de odio. Y yo me pregunto, cansado ya de hacerlo, ¿por qué, de todos los odios, la homofobia es el más extendido, más allá de racismos, de xenofobias, de machismos...? ¿Por qué a nosotros es a quienes más nos cuesta ganarnos el respeto?

"Matarile al maricón"
El País. 2 de octubre 1998.


Los "gays" vascos piden el secuestro del disco del conjunto mexicano Molotov
El País. 2 de octubre 1998.


jueves, 13 de enero de 2011

Heterofascismo


Que la cultura contemporánea es exclusivamente heterosexual es algo que no puede negarse. Si lo gay tiene alguna cabida es, en su caso, como un movimiento contracultural aparte, bien diferenciado y residual estadísticamente. Se trata de un pequeño nicho de mercado, eso es todo, a eso se reduce. Por contra el resto de la cultura sigue teniendo un carácter marcadamente heterosexual hasta un punto que puede calificarse de heterofascismo.

¿Por qué llego tan lejos? De sobra son conocidos claros ejemplos de manipulación sólo dignos del propio Goebbels en películas como Troya ó 300, películas basadas en historias épicas de la Grecia clásica y que desvergonzadamente ignoran ese pequeño detalle del amor entre hombres; como si no hubiera existido; como si no hubiera estado institucionalizado y ampliamente practicado en la Grecia clásica; como si no hubiera sido tema recurrente de escritores de todas las épocas, comenzando por Homero, cuya historia de amor entre Aquiles y Patroclo es literalmente censurada por la Warner Bros en ese espectáculo bochornoso y fascista que es la película Troya. Lo más hiriente de todo esto es que para los griegos antiguos el amor verdadero se daba principalmente entre hombres mientras que a la mujer se la consideraba poco más que un instrumento para dar descendencia.

De modo que la tradicional forma de entender el amor que, generalmente, no entendía de géneros sino más bien de roles sexuales, de edades y de posición social en muchas culturas precristianas, no sólo en la Grecia clásica sino también en Roma, en la India y en otras sociedades como la china, los pueblos precolombinos y algunos pueblos africanos, el amor, digo, pasó a ser algo exclusivamente heterosexual ordenado a la procreación, todo ello por obra del cristianismo y por el éxito de la Europa cristiana en la expansión de sus valores por todo el orbe. Desde entonces hemos avanzado algo y el sexo se entiende cada vez más como algo no sólo procreativo sino también lúdico. En lo que no hemos avanzado nada es en que haya una concepción polisexualista como la de las sociedades de la edad antigua y aun algunas sociedades medievales fuera de Europa. Al contrario, el amor, por obra de occidente, se ha compartimentado por orientaciones sexuales y al amor entre hombres, antaño perseguido y ahora tolerado o respetado según las circunstancias se le ha reservado el carácter residual y contracultural ya reseñado.

Esta ordenación heterosexual del mundo no tiene inconveniente, como hemos visto, en manipular la concepción del amor y las historias de amor mismas de otras civilizaciones más antiguas. Desde su suprema arrogancia intelectual y bajo la coartada de un respeto a las sensibilidades culturales de una mayoría muy piadosa y conservadora, algunas productoras de cine no quieren, sencillamente, que una épica historia de amor entre dos hombres, a saber, Aquiles y Patroclo, les estropee una buena recaudación en taquilla. Bendito dinero aunque venga de una muchedumbre de heteros insensibles que piensan que Homero es un personaje de Matt Groening y que Aquiles y Patroclo eran primos. Será que ahora a ser amantes se le llama ser primos y no me he enterado.

Pero lo que más me molesta de todo esto es que yo haya crecido en esa cultura heterosexualizante, en esa cultura que da por hecho que el amor es hetero y que todos somos heteros hasta que se demuestre lo contrario. Esa sociedad de la presunción de heterosexualidad es la que más daño me ha hecho, crecer como un niño sin referencias polisexuales, sin historias de amor de distintas orientaciones sexuales. Siempre era la Bella y la Bestia; Simba y Nala; la Dama y el Vagabundo; Aladin y Jasmine; la sirenita Ariel y el príncipe Eric; la cenicienta y el Príncipe... De la mano de Disney los gays hemos tenido que ponernos a la fuerza en el rol de amante heterosexual sin tan siquiera poder imaginar que la otra posibilidad estaba ahí y que ni la sexualidad ni el amor son o blanco o negro. Esa es probablemente lo que más nos diferencia a los gays de los heteros, nuestra capacidad, desarrollada aún en contra de nuestra voluntad, de ponernos en el lugar del hetero, incluso de habernos imaginado como un hetero alguna vez, no porque tuvieramos la más mínima atracción por una mujer sino porque era lo que la sociedad demandaba de nosotros a través de toda su cultura uniformemente heterofascista. ¿Cuándo aprenderán, sin embargo, los heteros a vivir en una sociedad culturalmente polisexual?

Muchos lo llamarán homofascismo y plantearán esta reivindicación de contar con una cultura generalista polisexual como nuestro deseo de expandir la homosexualidad o de sembrar la ambigüedad sexual en la sociedad, dejando a la infancia sin “buenos” referentes y haciendo que la gente pierda “el norte”. Pero no es eso lo que pedimos. Queremos una sociedad en la que nadie se sienta incómodo con su orientación sexual y eso lo que exige precisamente es un renuncia de los heteros a su hegemonía cultural, lo que exige no es que los heteros se “vuelvan” gays, cosa imposible, sino que los heteros acepten que su concepción del amor no es la única y que las historias de amor entre hombres o entre mujeres no deben quedar relegadas a una contracultura sino que deben formar un todo integrado en una sociedad polisexual que viva a gusto con las distintas orientaciones sexuales. ¿Tarea imposible? Eso me temo. Los efectos perversos de la moral judeo-cristiana asentada durante dos milenios no pueden terminarse en cuestión de años. Su concepción ha envenenado, puede que para siempre, lo que la gente entiende por defecto cuando se habla del amor. Sin duda, de todos los robos, los más difíciles de combatir son los de las palabras. A la palabra amor le fue arrebatado su significado hace ya demasiado tiempo.

Trayler de Troya en español:

jueves, 21 de octubre de 2010

"It gets better": una campaña norteamericana de apoyo a los gays adolescentes

Tras una terrible oleada de suicidios entre adolescentes gay norteamericanos, los sociedad de EEUU y de todo el mundo se ha movilizado para dar su mensaje de apoyo y esperanza a aquellos que aún tienen que lidiar con una homofobia aberrante en los institutos. El mensaje de Joel Burns, concejal en Fort Worth, Texas, EEUU, es esperanzador, pero al mismo tiempo nos recuerda que la vida de un gay nunca es fácil y que siempre nos toca lidiar con la incomprensión de los demás aunque, eso sí, vale la pena porque todo mejora. Y ese es el mensaje de la conmovedora intervención de Joel Burns: aguantad, luchad por una vida mejor: it gets better.

Trevor Project